Reforma integral de una vivienda regia en el barrio de Salamanca. Un proyecto donde la carpintería clásica original convive con piezas contemporáneas, arte y un trabajo deliberado de las perspectivas entre estancias.
La premisa del encargo era clara: respetar la arquitectura original de la finca —molduras, suelos de madera en espiga, marcos de puerta de altura completa— y al mismo tiempo introducir una capa de interiorismo contemporáneo que la hiciera profundamente habitable.
Antes de decidir nada, se trabajó la planta. Recuperar las enfilades, abrir las visuales entre estancias y devolver al recorrido la lógica de la vivienda regia clásica: salones encadenados, pasillos como ejes compositivos, vistas largas desde cualquier punto.
"Diseñar una casa así no es decorarla. Es dejarla respirar, devolverle su lógica y elegir muy pocas cosas, pero muy bien."
La paleta material se contuvo: blancos cálidos en paredes y carpintería, suelos de roble en su tono natural, mármol travertino en zonas comunes y un trabajo deliberado de la luz natural a través de cortinas de lino. Sobre esa base neutra, los acentos de color —terracotas, tejas, marrones tostados— se introducen en tapicerías, una alfombra puntual o una pieza de arte.
El mobiliario combina piezas heredadas —una cómoda de madera oscura, un escritorio antiguo, sillas de época— con diseño contemporáneo de líneas limpias: sofás escultóricos, mesas auxiliares en mármol, lámparas de pie de presencia gráfica. La convivencia no es casual: cada pieza antigua se compone con una contemporánea que le hace contrapunto.
El arte tiene un papel central. No como decoración añadida, sino como elemento que organiza el espacio: dictamina la altura de un sofá, marca el centro de una pared, define el remate de una enfilada. La selección, hecha con la propiedad, mezcla obra clásica y contemporánea con la misma lógica que el resto del proyecto.
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